Si admitimos que el ser humano no se limita a un cuerpo material y que se mantiene en vida por un conjunto de procesos físicos y químicos únicamente, sino que posee también una mente y un alma, comprenderemos fácilmente que ésta también tiene la necesidad de cierta forma de alimento y éste es; la espiritualidad

¿Qué es la espiritualidad?.

Conforme a lo que he escrito anteriormente, trasciende a la religiosidad; no se limita a creer en Dios y a seguir su credo religioso por respetable que sea. Consiste en buscar el sentido profundo de la existencia y el despertar gradual lo mejor de nosotros. Ahora bien, este sentido de búsqueda y de perfeccionamiento brilla por su ausencia en nuestros días; de aquí este caótico estado del mundo y esta maraña ininteligible en la que se ha hundido desde hace algunas décadas. 

La mayoría de los ciudadanos de todos los países y de todas las naciones sin excepción, tienen la sensación de encontrarse en un túnel oscuro del que nadie ve la salida, ni siquiera todos aquellos y aquellas que políticamente nos dirigen y gobiernan. Por otra parte, no tienen conciencia de la luz que deben vislumbrar alguna vez; sólo puede proceder de ellos mismos y no de una causa externa. 

Esto nos lleva de nuevo a la necesidad de buscar en otra parte, más allá del materialismo a ultranza, porqué las soluciones de los problemas que se plantean a toda la humanidad residen dentro de cada uno de nosotros. Tal vez usted forme parte de aquellos que no admiten la existencia de un alma y están en su derecho. 

En este caso y si lo desea, déjeme plantear algunas preguntas: 

  • Tómese el tiempo necesario para responderse a sí mismo: 
  • ¿A qué atribuye usted lo que llaman la «voz de la conciencia»? 
  • ¿De dónde sale la capacidad del ser humano de dar muestras de benevolencia, generosidad, compasión y amor? 
  • ¿Quién inspiró las obras del verdadero arte, sea pintura, poesía, escultura, música u otras, en la mente de aquellos y aquellas que las han creado? 
  • ¿Cómo se explica que millones de hombres y mujeres en este mundo hayan experimentado la muerte clínica, volviendo después a la vida con los recuerdos de lo que han «visto» y «escuchado» en lo que corrientemente se llama «el más allá»? 
  • ¿Cree usted realmente, que los pensadores y filósofos más grandes que la humanidad la hayan conocido y si es así, la habrían admitido como una evidencia? 

Seguramente, todo ser humano posee un alma o algo diferente, llámese como se llame y desde mi punto de vista, es lo que hace que estemos vivos, ya que cuando se va, dejamos de estar conscientes, incapaces de pensar y de sentir emociones.

Si vivimos en este planeta que llamamos Tierra, es preciso aprender, evolucionar y expresarnos a través de nuestro juicio y de nuestra conducta equilibrada. 

Desgraciadamente, muy pocas personas se esfuerzan en ello, incluidos los creyentes; esto explica porqué la conducta malévola, la intolerancia, el egoismo, la envidia, el orgullo y el odio está tan presente entre nosotros, con todas las consecuencias de lo que resulta de esto, en términos de justicia, conflictos, desigualdades y sufrimientos; pareciera que hay un Dios malo que nos impulsa a ello. 

En este sentido, es cierto que el mal no existe, sólo es la ausencia del bien y pareciera que tiene su origen únicamente en el comportamiento humano. 

¿Qué ocurre con Dios? 

Durante siglos, los creyentes han visto un Ser antropomórfico que mora en alguna parte del cielo y que preside el destino de todos los seres humanos, deseosos de complacerle para obtener sus favores y han seguido y siguen aún los preceptos predicados por las religiones, apoyándose para ello en sus Libros Sagrados. 

Esto quiere decir que la felicidad a la que aspira todo ser humano se sitúa más allá de la religiosidad y solo radica en la elevación de la conciencia.

Mi concepción de Dios es que existe; nadie puede negar la existencia del universo. 

Ahora bien, desde un punto de vista racional, es necesariamente el efecto de una causa creadora. Y puesto que está regido por leyes que son la inspiración de muchos científicos, significa que esta causa es muy inteligente; entonces, ¿por qué no atribuirla a Dios y ver en Él la Inteligencia absoluta e impersonal es el origen de la Creación? 

 ¿Al principio el universo estaba concentrado en un núcleo de energía del tamaño de un átomo?  ¿Contiene en potencia el conjunto de galaxias, estrellas, planetas y astros que existen actualmente, entre ellos la misma Tierra?. 

A tal propósito, la verdadera pregunta que puede y debe uno plantearse de Dios, no es saber en realidad si existe o no; sino, saber en qué medida interviene en la vida de los seres humanos. 

Según mi opinión, Él interviene en la medida que no respetamos y concedemos su espacio a las leyes por las cuales Él se manifiesta en todo el universo, en la naturaleza y por supuesto en su máxima creación en este plano, el hombre mismo. 

Esto supone que todos debemos estudiarlas y respetarlas siempre para siempre y desde siempre. …

La espiritualidad se apoya, por una parte, en la convicción de que existe como una Inteligencia absoluta, que ha creado el Universo y todo lo que éste en Él, y por otra, en la que el Hombre posee un alma que emana de Él y se manifiesta en toda la Creación por medio de leyes que debemos estudiar, comprender y respetar para alcanzar una mayor felicidad. De hecho, considero que la Humanidad evoluciona hacia la comprensión del Plan divino y que está destinada a crear sobre la Tierra una Sociedad ideal. Este humanismo espiritual puede parecer utópico, pero nos unimos a Platón cuando declaraba en la «República»: «La Utopía es la forma de Sociedad ideal. Puede parecer imposible realizarla sobre la Tierra, pero es en ella donde el sabio debe poner sus esperanzas». (Seguimos en el próximo número).

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