Giuliana Ippoliti
Nómadas con Raíces   
NCR-Agosto-2019

Mi historia: emigrar es duro

Para los venezolanos en España, emigrar es duro. Personalmente, ha representado una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida. Primero, abandonar la zona confort. Segundo, empezar de cero. Tercero, empezar de cero; y así hasta el séptimo más o menos. Octavo, adaptarte. Noveno, igual. Décimo… digamos que en este punto las cosas se empiezan a aclarar.

Lo digo así porque no quiero que ustedes, que me leen, piensen que vengo a contarles la historia de una migrante exitosa. Porque la verdad es que las cosas no suceden de la noche a la mañana, y que las historias arduas existen, aunque no todos se animen a contarlas.

Emprender este camino de la migración

Es gracioso que hayamos decidido emprender este camino guardando tantas verdades incómodas: que lloramos, que lo pasamos mal, que a veces comemos poco o no comemos, que nos llenamos de ansiedad, depresión y paremos de contar. Pero así lo hacemos.

Tal vez en un afán por no mostrarnos vulnerables ante el colectivo que tenemos en nuestras redes sociales, o simplemente para no evidenciar ante la gente que sigue en Venezuela, que los que estamos en el extranjero… bueno, ya saben… sufrimos las consecuencias de la dictadura también.

Los venezolanos somos un pueblo echado «pa’lante»

Lo positivo es que siendo venezolanos, un pueblo echado pa’ lante, como lo somos, muchas personas han sabido encontrar su camino lejos de El Ávila, el puente sobre el lago de Maracaibo, el monumento a la Divina Pastora y la procesión de la Virgen del Valle. Porque es así, y ojalá esto pudieran leerlo esos personajes que se han empeñado en hacernos tanto daño.

El talento es inagotable, la creatividad no se apaga con un corte de luz, la educación no se olvida, aunque no nos permitan expresarnos, y la buena voluntad no se doblega ante ningún hombre o mujer de uniforme.

A pesar de que mi proceso migratorio de Venezuela a España está lleno de obstáculos, he encontrado la forma de seguir a mi corazón, y por muy romántico que suene en tu cabeza cuando lo leas, es cierto.

Escribir: Mi Pasión

Mi pasión es escribir. Es más, es uno de los motivos que me impulsan a seguir, es la herramienta que tengo para luchar desde dondequiera que esté… por eso, decidí usarla para crear libros para niños y niñas.

Específicamente los hijos/as de los migrantes, esos que no han tenido la posibilidad de conocer a Venezuela, y que tienen todo el derecho de hacerlo.

Hace poco, una editorial española llamada Babidi-bú, compró los derechos de Lucía y El Ávila, un libro que cuenta la historia de una pulga que quiere ir a la cima del Waraira Repano a visitar a su abuelita.

LuciayElAvila_3

El libro en sí, es una oda al símbolo natural de Caracas, pero además es una invitación a ser conocido, a dejarse querer, a darle la bienvenida a todo el que quiera vivir aventuras en él.

Como nieta de italianos, sé lo que es crecer junto a personas que extrañan profundamente sus lugares de procedencia. Mi infancia estuvo repleta de historias sobre Italia, rodeada de personas que hablaban un idioma diferente y ligada a vidas que huyeron de una guerra, de una dictadura y del vil egoísmo del poder.

Sin embargo, yo nunca sentí tanto amor por Italia como el que sentían mis abuelos. La lejanía, la inexistencia de Internet y el no haber visitado ese país, pueden ser factores determinantes en ese sentido.

Mi nonno (abuelo) nombró a la barbería que tenía en Ocumare del Tuy, en el Estado Miranda, el Gran Sasso. Es como si cualquiera de nosotros nombrara El Ávila a un negocio, ¿sienten la conexión?

El Corazón dividido en dos territorios

Los migrantes somos así. Tenemos el corazón dividido en dos territorios. Por eso, contarle a los niños y niñas historias sobre Venezuela, permitirles conocer el país a pesar de la distancia, es un acto de supervivencia. No física, sino cultural.

Después de todo, de eso se trata migrar. De enriquecer el mundo, aportar y ser mejores, a pesar de todo.