Los seres humanos han migrado desde los orígenes mismos de la humanidad; así que vamos a empezar por decir que todos tenemos “genes migratorios”. Me gusta la definición de migración como el desplazamiento de individuos desde su lugar de origen hacia otro lugar destino: transitorio o definitivo. Una conceptualización simple y sencilla, aunque no lo sea.

Considero que tomar la decisión de hacer las maletas y partir, es una de las decisiones de mayor profundidad y complejidad psicológica que podamos tomar en nuestra vida. Es una decisión que afecta pasado, presente y futuro y que repercutirá en nosotros mismos y en todos los de nuestro entorno. 

Por tal razón, hay que entender al proceso migratorio desde una perspectiva, a mi juicio, sociopsicológica, en principio; pero puede abarcar aristas económicas, políticas, religiosas, etc. Comprender la dimensión que tiene que significar para cualesquiera persona abandonar su país, su cultura, sus amigos, familiares, su modo de vida y todo lo que es relevante para ésta, es solo el comienzo del abordaje de esa trama de emociones y sentimientos que se teje alrededor de cada circunstancia en particular.

Existen diversos factores presentes en la experiencia migratoria;  mencionaré algunos y  trataré de ahondar un poco en ellos.

El primero a mencionar es la aculturación que es el proceso mediante el cuál las personas cambian como resultado del contacto con la nueva cultura (Berry, 2001). Por tanto, todo proceso de aculturación conllevará un período de transición en la vida del migrante.

Se darán transformaciones importantes, sobre todo en los roles, ahora dados o resignificados por la otra cultura (nivel de educación, trabajos, empleos, relaciones interpersonales, estilo de vida  convivencia en general) así como también observaremos cambios en aspectos psicológicos, a identificar y tener en cuenta, porque puede aparecer la vivencia de duelo, que se acompaña de sensación de vulnerabilidad y sentimientos de pérdida, todo esto aunado a la necesidad de adaptarse rápidamente al entorno nuevo, que nos puede generar ansiedad (expectativas fantaseadas de que las cosas sean como  queremos y en los tiempos que queremos). Nota importante: la salud mental es una condición necesaria para la plena integración en la sociedad de “acogida” donde hay que monitorear la vivencia de duelo, la ansiedad, etc.

Podemos decir que la aculturación pasa por varias etapas:

  • Admiración por la nueva cultura, hasta en ocasiones llegar a idealizarla.
  • Percepción realista de las dificultades en la integración a la nueva cultura; es aquí donde comienzan  a desplegarse las acomodaciones y los mecanismos de adaptación. A veces coinciden los mecanismos de adaptación del migrante, con regulaciones y políticas de atención y aceptación a él mismo y a su situación, por el país de acogida. En otros casos no es así y el migrante tendrá que desarrollar mecanismos de sobre adaptación que requerirán de él un extra de fortaleza emocional (resiliencia).
  • Negociación y aceptación; hay que asumir lo diferente como parte de la vida; reconceptualizar y reestructurar nuevos contextos en los que estamos desarrollándonos y hemos decidido vivir, lo cual facilitará una sensación de bienestar que nos hará amar al nuevo país tanto como el propio.

El Estrés aculturativo

El segundo factor a mencionar es el estrés aculturativo; no es fácil enfrentar el estigma de migrante (Martínez, 2006). Al cambiar de cultura pueden experimentarse estresores que se consideran únicos de la experiencia migratoria; así tenemos: las condiciones psicosociales, políticas, económicas, etc. (conflictos políticos, violación a los derechos humanos, violencia y hostilidad social, desempleo, hambre, persecuciones) que anteceden la partida, eso sin duda marca un antes y un después, la merma del estatus y los prejuicios sobre eso, el halo de discriminación percibida, la sensación de pérdida y fragilidad de la identidad cultural que dejamos atrás, la ausencia de las redes de apoyo que antes nos sostenían; todo esto pone a prueba al migrante, a mayores cambios, mayor experiencia de ajuste entre fortalezas y debilidades de la personalidad.

El estrés aculturativo describe claramente algunos de los retos que se tendrán que enfrentar, si lo vemos como ganancia, el saberlo ¿qué nos causa estrés? nos ayuda a sacarle provecho a nuestras capacidades de adaptación a lo “nuevo” y empezar a crear vínculos de pertenencia. Partiendo de esta premisa podemos, hacer más eficiente la transición, no solo de cubrir necesidades básicas, residencia, alimentación, salud, servicios, trabajo… sino también las necesidades emocionales.

La Resiliencia

El último factor a tomar en cuenta, para mí es la resiliencia. Siendo la resiliencia la capacidad de afrontar la adversidad…y si parte de lo que se puede llamar adversidad (se ha descrito en párrafos anteriores). Sí, los  seres humanos poseen genes que nos hacen resilientes (como ya han descrito estudios de resiliencia) y características de personalidad, desarrolladas gracias a un contexto familiar constituido por figuras parentales que han servido de contención; así como, un contexto social bien estructurado en valores humanos, entre otros elementos relacionados al “ser resiliente”, las personas podrán recuperarse de manera positiva ante los desafíos de la nueva vida que está experimentando (Walsh,2016).

La migración no está exenta de momentos críticos, sin embargo, el entorno social puede tener un efecto protector frente a la adversidad. ¡Migrar puede convertirse en la mejor experiencia de nuestras vidas! estoy segura que nos enseñó a convivir con sentimientos que nunca antes habíamos experimentado y eso es crecimiento personal, a la cuenta de capital emocional.  

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