FILOSOFANDO_

Es innegable que cuando te toca migrar las circunstancias que te rodean no son exactamente plácidas ni favorables.

Debes hacer trámites que, de por sí, son engorrosos y complicados; que cuando crees que ya has solucionado, resulta que te falta algo más. La situación económica es inestable porque, aunque llegues con algún respaldo de dinero o cuentes con apoyo de familiares o amigos, no sabes cuánto se va a prolongar la situación hasta que puedas ser de nuevo productivo. Tienes que adaptarte a una cultura mientras extrañas todo aquello que constituye tu propia cultura. Y un larguísimo etcétera de circunstancias imponderables que se traducen en inestabilidad, temor y hasta cierto grado de arrepentimiento.

Pero si me acompañas a reflexionar al respecto, podemos encontrar alguna vía de escape.

Cuando uno se enfrenta a cualquier situación, necesariamente toma una determinada actitud, según sea el caso. Es decir, primero la persona determina qué tipo de situación es, la califica: fácil, complicada, imprescindible, favorable, costosa, etc. Una vez calificada, se toma una segunda actitud que tiene que ver con un primer análisis de recursos necesarios, qué se necesita para solventar esa situación: medios, trámites, dinero, esfuerzo, relaciones, o cualquier otro medio. Y, por último, toma una actitud relacionada con el ánimo según lo que esa situación nos representa: es necesaria, es un fastidio, es una oportunidad, es prorrogable, o cualquier otra sensación que te produzca.

El caso es que siempre nos predisponemos antes de comenzar a actuar. Y generalmente ese proceso es inconsciente, es una especie de mecanismo automático, como cuando conoces a una persona y esa primera impresión te lleva a hacerte un criterio de la misma. Pero entonces vienen las sorpresas, porque generalmente las situaciones y las personas no son todo lo que aparenta. Pero, aunque tuviéramos un alto porcentaje de certeza en nuestros criterios, las sorpresas en el camino siempre estarán presentes, eso no debemos olvidarlo.

¿Cuál es la vía de escape? ¿Cómo darle la vuelta a la tortilla?

Si como se menciona anteriormente, al enfrentarnos a nuevas situaciones tomamos actitudes que marcan nuestro camino a seguir, entonces, “la vía de escape es: ¡la actitud!”

Hacernos conscientes de nuestras actitudes antes de que ellas tomen el control, mantener una actitud consciente nos permite determinar con cuál tipo de actitud nos conviene enfrentarnos a lo desconocido. Optar por las actitudes más positivas nos aligerará la carga y podremos ser más asertivos en nuestra toma de decisiones.

No se trata de negar la realidad, hay situaciones que “per se” son complicadas, pesadas y/o costosas, pero todo en la vida tiene dos caras. Si es complicada podemos pensar en la satisfacción del logro de cumplimentarla; en caso que se nos haga pesada o fastidiosa, poder lidiar y ganarle a nuestros demonios interiores ya es ganancia; y si es costosa, podremos demostrar nuestra capacidad administrativa y verla como (debería ser) una inversión.

Eso es “darle la vuelta a la tortilla”, y además de ser un excelente ejercicio de vida, es lo que nos toca en este duro camino de la migración, porque la vida real puede ser más complicada que cualquier novela, pero nosotros, los migrantes, nómadas con raíces, somos capaces de eso y más para sembrar nuestras raíces donde quiera que vayamos.

DALE LA VUELTA A LA TORTILLA Y AFRONTA LO QUE VENGA CON BUENA ACTITUD.