REFLEXIONES_

Hay una forma de pensar que se implantará en el mundo poco a poco, o rápidamente, de acuerdo a la elevación de conciencia que cada uno tenga.

La “Mente” que está unida a la “Mente Universal” fluye en ti de acuerdo tu nivel evolutivo.

El cuerpo es la envoltura plástica en la que mora el SER hasta que se va a otra dimensión, por lo tanto, tus pensamiento y acciones están relacionadas y no pueden separarse nunca.

El “SER” tiene como unidad destacada, entre otras, a la “Mente” que lo une con la Ley Universal de armonía o equilibrio; si ésta se rompe repetidas veces por la misma causa, aparece la desarmonía manifestándose en cualquier lugar del cuerpo como efecto de ella. Esta manifestación la llamamos enfermedad y tratamos de eliminarla por medio de diferentes sistemas convencionales; pienso que, si quitáramos la “causa mental”, dejaría de manifestarse y desaparecería la desarmonía y con ella su manifestación. Todos sabemos que un brazo roto necesita un tratamiento médico ya que la caída que lo provocó no se pudo evitar, pero si podemos procurar el caminar más despacio y por lugares donde no haya peligro.

Una de las situaciones más normales para caer es la deliciosa forma de caminar por la vida y, la que usualmente, a casi todos nos gusta el camino de deliciosas dificultades salvables, pero no contamos con el clima que hará al degustarlas, si lloverá o habrá ciertos árboles con frutas sabrosas en el camino que nos distraerán de nuestra meta que es el camino más recto, creo.  Aquí nos hacemos la primera pregunta: ¿qué sería sin estos obstáculos la vida? Definitivamente un mar de aburrimiento máximo, la mente necesita pensar, equivocarse y reaccionar, es decir, aprender a caminar sorteando todo lo que nos molesta para aprender y seguir recto: eso no quiere decir que de vez en cuando nos paremos y tomemos una fruta maravillosa que está en el camino para nuestra necesidad corporal, sea del lugar o sentimiento que sea, es decir, de la “razón” del “amor”, o ¿por qué no?, del  mundo mental de “los deseos”.

De hecho, el hombre y la mujer están muy atentos al mundo del deseo, gracias a que es el nivel más cercano a nuestra “mente inferior”, antes de llevarlo un paso más arriba: al amor o, más arriba, a la razón. Estamos hechos mentalmente de lo que aprendemos, nos enseñan, nos dicen, nos influencian y hasta nos prohíben, por lo tanto, si nuestra mente está alerta deberíamos sopesar todo lo que pensamos, hacemos y decimos.

«Misión imposible, pero…»

Aquí nos hacemos la segunda pregunta: ¿por qué no estar atentos a las vicisitudes más extrañas de lo que hemos aprendido? En una gran cantidad de ocasiones nuestras lesiones corporales, internas y externas, se deben a un mal funcionamiento producido en nuestra mente por causa de acciones a veces provocadas por nosotros mismos, y otras, inducidas por la mente subconsciente en la que hemos introducido hábitos aparentemente imposibles de erradicar: fumar, beber impulsivamente, drogarse o cualquier hábito que pasó la barrera de nuestras acciones personales.

Hoy cuesta trabajo que alguien sepa para qué sirve una actitud determinante, esto será para otro capítulo, pero diré que son las barreras positivas que están equilibradas con la “Mente Universal”, algunos las han llamado virtudes y que nos defienden de los impulsos externos que nos llevan a tropezar y que, sin ellas, no sabríamos cuáles son las consecuencias que, a veces aun sabiéndolas preferimos el efecto que pueda tener en nuestro cuerpo dicho acto compulsivo.

¿Por qué? Porque si no caemos, no sabremos el dolor que causa la herida; ¿entonces caemos a propósito? sí, casi siempre. Hay un equilibrio entre lo que podemos aprender del error y su consecuencia, porque el que no ha caído no tiene la experiencia que causa la angustia y tú sí, no digo con esto que siempre te equivoques, sino que el aprendizaje te hace más sabio porque no vuelves a tropezar.

La «Mente” y tu ser saben lo que hacen y si le consultas te dan la autorización o te la niega, la diferencia está en que generalmente los tropezones son porque no hemos aprendido y diría que, a veces, pueden estar hasta autorizados por tu mente, aunque sufra después tu cuerpo. Es más, por una vez generalmente el cuerpo no se enferma, en cambio, en casos más extremos la “mente” estará atenta para recomendarte lo que debes hacer.

De todos modos, el mundo está donde está por el avance y el aprendizaje de la “Ley de Causa y Efecto”, que en el fondo es mentira…. porque o lo haces bien, o lo haces bien, hasta que aprendas a hacerlo bien.

Hasta otro día cuando seguiremos conversando sobre mi visión acerca de las siguientes trece leyes que otorgan equilibrio entre Cuerpo y Mente.