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Eugenia Benzaquén  NCR-Julio-2019

Migrando a Europa, se dice que es algo frecuente durante todo el año, sin embargo, en verano es cuando peor puede ser.

“Mmmmmjjjjj fó”, así comienzan las historias de mal olor.

“Se te quebró una alita” era la forma más sutil que alguna vez escuché en los dos países previos donde viví, Venezuela y Panamá. La más común “violín”, y la más grotesca “tufo”.

Y es que la definición de tufo es: olor muy fuerte y desagradable”.

Su nombre correcto es bromhidrosis.

La bromhidrosis es una condición de olor corporal anormal u ofensivo, dada por la secreción de las glándulas sudoríparas, mayormente la apocrinas.

Las glándulas sudoríparas se dividen en dos tipos: apocrina y ecrina.

Glándulas apocrinas:
Se encuentran en áreas como axilas, región inguinal y mamas. El sudor apocrino no tiene olor al salir de la glándula a la piel, pero enseguida las bacterias que normalmente viven en la piel descomponen este sudor causando el olor corporal característico de cada persona. El olor corporal es peor según las bacterias presentes o si el nivel de producción de sudoración apocrina es alto.

Glándulas ecrinas:
Se encuentran en todo el cuerpo y producen una solución salina en respuesta al aumento de la temperatura corporal. El sudor producido por las glándulas ecrinas es normalmente inodoro, pero puede empezar a oler después de la ingestión de varias
sustancias, incluyendo alimentos (por ejemplo, ajo, curry), alcohol o ciertos medicamentos.

Este mal olor en particular está vinculado a bacterias que colonizan a una zona particular.

¿Y eso se pega?

Sí. El mal olor está compuesto de bacterias, que pueden contagiarse de una persona a
otra y su propagación tiene consecuencias negativas para el portador. Para evitar la bromhidrosis es adecuado una correcta higiene personal, pero también hay que descartar que no exista algún desequilibrio hormonal u otro elemento que afecte a nuestro aroma corporal. También asegurarnos de que no hemos contraído hongos en las axilas, pies o partes íntimas. Por ello, cualquier síntoma de dolor, irritación o picor debe encender nuestras alarmas y llevarnos a hacer una visita al médico si no es resuelto con medidas básicas.

Medidas preventivas para evitar el mal olor corporal:
• Baño diario con agua y jabón, prestando atención especial a las zonas donde el sudor más se acumula: axilas, ingles, genitales, pies y manos.
• Uso de ropas ligera y holgadas, que permitan correr el aire, y tejidos que transpiren, preferiblemente fibras naturales como el algodón 100%, el lino o el cáñamo.
• Uso de desodorante. Se recomienda sin aluminio.

Manejo del mal olor: tratamiento para la bromhidrosis
• Lavar las axilas por lo menos dos veces al día con jabón antibacterial.
• Rasurado regular de axilas para evitar la acumulación de bacterias y sudor en los vellos.
• Cambio de la ropa sudorosa.
• Uso de desodorantes especiales.
• Tratamiento de afecciones coexistentes de la piel.
• Una solución natural es aplicar un poco de bicarbonato con un algodón en las axilas bien secas. El bicarbonato absorberá el sudor y ayudará a mantener el área seca durante más tiempo.
• Reducir la ingesta de alimentos que provocan mal olor en la sudoración, como las carnes rojas, los lácteos, el café, la cebolla, el ajo o las especias picantes.
• Hidratar y proteger la piel con aloe vera, ya que además ayuda a contener la sudoración y, consecuentemente, el mal olor.
• No olvides que el estrés también es promotor del aumento de la transpiración, así que recuerda enfocarte en las técnicas de relajación, pausas, respiración, meditación, mindfulness, entre otras.

Si tienes alguna duda, la Dra. Eugenia Benzaquén, autora de este artículo, podrá apoyarte con El Método MOVE a manejar este y muchos otros problemas que se abarcan en sus planes de “Salud del emigrante”

Dra. Eugenia Benzaquén