Emigrar es un proceso que posee unos niveles de estrés tan intensos que llegan a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos.

El estrés tiene varias definiciones, aquí la describiremos como un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal; suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

Las personas que emigran y tienen altos niveles de estrés, bien sea porque de base ya lo traen arrastrado por años, por formas de pensar y vivir, si no ahora por la nuevas exigencias y cambios, están en riesgo de padecer el Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple o Síndrome de Ulises (haciendo mención al héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos).

¿Qué es el Síndrome de Ulises?

Es un conjunto de síntomas que se deriva de estresores graves asociados a la emigración. Puede afectar a personas de todas las edades, pero se ha observado más en personas de la tercera y mediana edad.

Los síntomas presentes en las personas con el Síndrome de Ulises pueden ser diferentes en cada individuo. Se relacionan con cuatro categorías de alteraciones psicológicas: ansiedad, depresión, disociación (desconexión de la experiencia física y emocional) y  trastornos somatómorfos (síntomas físicos de origen psicógeno). Según el nivel de ansiedad, presión, aislamiento y adaptación, se clasifica en leve, moderado y severo.

Este síndrome de estrés crónico se relaciona con el proceso de duelo, que consiste en la adaptación a pérdidas psicológicamente significativas. Se conocen (según Achotegui) 7 duelos en la migración: la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física.

Cuando las demandas de la nueva situación son percibidas como excesivas para la persona migrante, pueden aparecer síntomas crónicos de estrés y otras alteraciones psicológicas relacionadas que influyen negativamente en el bienestar y en la adaptación al contexto.

Los principales estresores descritos han sido:

  • La sensación de aislamiento sociocultural (nuevo idioma, diferencias en valores, prejuicios, discriminación por motivos étnicos y culturales)
  • El temor a deportación en el caso de no estar legal.
  • La frustración de las expectativas personales y económicas de la persona.

¿Te sientes identificado? ¿Qué podemos hacer para manejarlo?

  • Buscar apoyo en amistades. Comunica tus sentimientos con tus familiares y amigos.  Busca redes de apoyo de inmigrantes de tu país a través de redes sociales.
  • Consultar a un especialista de salud mental psicólogo o psiquiatra.
  • Escritura terapéutica, describe tus experiencias, anota tus logros, ganancias y también aquello que consideres errores para aprender. Desarrolla la gratitud agradeciendo a diario lo que soy, lo que tengo, dónde estoy.
  • Pensar en el balance, ¿qué pasaría si me hubiese quedado?
  • Elabora un plan SMART (específico, medible, alcanzable, relevante)
  • Considere dentro de las posibilidades cambiar de país con mayores ventajas.
  • Por último, y no menos importante, mejorar hábitos de salud: alimentación, descanso, ejercicio físico para manejo del estrés, alternando ejercicios cardiovasculares para liberación de adrenalina, con otros ejercicios que lleven a la calma y reducción de ansiedad con la liberación de dopamina, como lo es por ejemplo Yoga o Taichí. Incluya prácticas de meditación.

Recuerde que la mente manda sobre el cuerpo, y a pesar de que existen factores biológicos y ambientales que predispongan al estrés crónico, la actitud que tomamos ante cada situación es determinante de su desenlace y de nuestro bienestar.