El 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, se celebra tradicionalmente en diferentes culturas, prácticamente ya de forma global, aunque de origen Celta, la entrada del Espíritu de la Navidad; pero, ¿Qué significa esto para nosotros los humanos en general?

De forma generalizada decimos y asumimos que el Espíritu de la Navidad baja a la tierra y visita a los humanos de buena voluntad la noche del 21 de diciembre, entre las 10 y las 12 de la noche, momento propicio para que aquellos que cultivan creencias, escriban, declaren y manifiesten sus peticiones y deseos a dicho ser.

Existen muchas teorías en torno a su verdadera identidad, una de ellas es la que declara que el Espíritu de la Navidad es simplemente un Egregor que surge del pensamiento de personajes como Jesús de Nazareth, icono de la cultura y creencias religiosas de occidente, y seguramente de muchos más, desconocidos para la historia. —Es importante saber que un Egregor es un ser producto de la acumulación energética y vibracional de un pensamiento colectivo que ejerce una gran influencia en las personas— y, que al ser un pensamiento surgido de un ser lleno de bondad, se convierte en un ser bondadoso que busca ayudar a los humanos. Aquí de nuevo se evidencia el poder del pensamiento, la palabra, la intención y la atención.

Bueno, no puedo evitarlo, soy venezolana, también he disfrutado de ese espíritu que cada año nos impregna, incluso estando lejos de la tierra que nos ha visto nacer y crecer, el envolvernos con los símbolos que representa por excelencia la cercanía y llegada de la Navidad, la Feria de la Chinita, los amaneceres gaiteros, el amigo secreto, las cenas, festejos navideños y de intercambios de regalo, así nadie se queda sin un obsequio, sin un cariño, aún en otras tierras, ese espíritu nos acompaña, nuestras creencias nos acompañan siempre.

Ese Espíritu de la Navidad nos encuentra donde quiera que estemos, incluso en el último rincón, y es que simplemente nos conectamos con lo que llevamos dentro. Al encontrarnos en tierras y culturas quizá diferentes, aprendemos e intercambiamos creencias, así el mundo se va impregnando del todo que lo compone, cada uno con sus distintos representantes simbólicos. Los países nórdicos con Papá Noel, o San Nicolás como le llamamos en Venezuela, también el abuelo (Antonio «Pacheco») que bajaba cada año del Ávila a repartir flores y regalos humildes para todos, el niño Jesús que nos traía regalos y los colocaba debajo de la cama o debajo del árbol, finalmente, todos estos Egregores forman parte de ese Espíritu de bondad que se originó en algún momento en la mente de un Ser que proyectó y contagió al resto de mentes de su tiempo, y que cada año vuelve a envolvernos, renovando esa esencia de AMOR, COMPRENSIÓN, PAZ Y ARMONÍA, esencia misma de la divinidad.

Querido lector, me gustaría que me dejaras tus comentarios, sentires y experiencias, nutrámonos todos de lo vivido, del renacer, la reconstrucción que nos toca a todos, especialmente cuando emigramos.

¡FELIZ NAVIDAD!