Dios me lo bendiga mi muchachón. Desde muy temprana edad, nuestros padres nos enseñan valores, muy significativos en nuestra cultura, uno de ellos, aparte de comer arepas, es pedir la bendición. Identidad nacional que es mucho más que un gesto religioso, aunque en la antigüedad estaba más asociado este bonito gesto de humildad con la religión católica, al pasar del tiempo esto que pedíamos a sacerdotes, curas y monjas, al final terminamos haciéndolo con nuestro familiares ascendientes, padres, tíos, abuelos y bisabuelos. Pedir la bendición es un gesto de humildad, respeto, afectividad y un sinfín de adjetivos calificativos.

La respuesta a la cual estamos acostumbrados a recibir cuando pedimos la bendición: yo, ya después de 36 años pidiéndola, puedo intuir el estado de ánimo de mis progenitores…. ja, ja, ja.

Estado de ánimo según la respuesta:

Normal: Dios me lo bendiga.

Molesto: Dios te bendiga.

Contento: Dios me lo bendiga y favorezca.

Súper contento: Dios me lo bendiga, favorezca y me lo haga un hombre de bien.

Solo los abuelos: Dios todopoderoso me lo bendiga y ampare de todo mal y peligro, y me de luz y licencia para verlo hecho un hombre de bien.

Independientemente sea cual sea la respuesta, es un gesto de respeto hacia nuestros padres, al salir de casa, al llegar de la calle, a la hora de dormir, o al levantarse de la cama, antes de saludar o al despedirse.

Tradición Venezolana

¡Y que Dios me los bendiga!