TereLaCordobesa
Tere La Cordobesa  NCR-Julio-2019

Ya estamos de nuevo en la estación del año, que más ansiamos los amantes del sol y el mar ¡el verano!; o según otros, los detractores, la estación del infierno ¡jejeje! por el famoso terral malagueño, en el cual aumentan sus temperaturas y disminuye su humedad, tan característica de una ciudad con Costa.

A pesar de que llevo en esta ciudad 5 años, cada noche de verano rememoro los atardeceres en mi pueblo, en el que el verano se convierte en un verdadero infierno. Córdoba se caracteriza por sus mañanas de calor asfixiantes, en las que el buen cordobés las mitiga con una buena copita de vino fino, rebajada con un poquito de casera blanca o en su caso un poco de Sprite o 7 up, o lo que tengamos más a mano. A esta bebida tan popular se le conoce como rebujito, una bebida que te quita el sentido, y el calor más sofocante. Las noches de verano las recuerdo un poco más agradables, donde la brisa de los campos de los viñedos nos hacían recordar que pronto se acercaba la vendimia, en el mes de agosto y septiembre. Como nosotros no teníamos el mar cerca, de pequeños pasábamos las noches remojados como garbanzos en las piscinas hinchables que nuestros papás nos preparaban para que no pasáramos calor, mientras mamá nos preparaba un pinchito con pimientos verdes fritos, recogidos en la tarde en el huerto del abuelo Frasquito, con un buen pedazo de jamón pasado por la barbacoa, -ummm- un manjar para nosotros. Las vacaciones más esperadas eran cuando viajamos a mi ciudad de adopción: Málaga. Los viajes eran un verdadero tormento para mis papás, nos pasábamos el trayecto preguntando cuánto tiempo quedaba para ver el agua, como le decíamos de pequeños, mis hermanos y yo. Pero lo que más enamorada me tiene Málaga en el verano es ese olor a espeto, que me recuerda tanto a mis vacaciones en Málaga de pequeña, o más bien, a todos los domingos -jajaja- Si!, éramos los famosos “domingueros”. Pasábamos el día completo bajo la sombra de la sombrilla, y “remojaos” como los salmonetes. Cualquiera nos sacaba del agua. Menudos pececillos estábamos hechos.

Ahora, en otra etapa de mi vida, disfruto de las playas de nuestra ciudad de forma diferente, paso las horas y horas en buena compañía, pero sin olvidar el caldo para acompañar. Me encantan los atardeceres con una buena copa de espumoso, perfecto para cualquier momento. Tampoco me puedo olvidar de los cocktail, tan importantes en estas fechas de verano, pero el más demandado es la sangría, que al día de hoy la tenemos de todos los tipos. Personalmente, la que me encanta está hecha con una base de fresas, pero la terminamos con espumoso y un toque de ginebra. La sangría tiene como base, como no, el vino tinto: siempre presente en mi vida y en mi pasión.

En esta época de verano, Málaga se viste de gala, ya que numerosos eventos tienen lugar en la ciudad. Numerosas ferias de alimentación se desarrollan, pero más que nada, cobran protagonismo los pueblos, pues se exponen los productos autóctonos del lugar y las bebidas más típicas de la región. Como sucede, por ejemplo, en la feria de Iznate, pueblo que se encuentra en la Axarquía malagueña. En esta feria se hace tributo a la recogida de la uva moscatel, celebrándose el primer sábado de Agosto. Continuando por la Axarquía, nos encontramos con la Noche del vino, que se celebra en Competa, el día 15 de agosto, en esta festividad se honra al vino dulce, producto típico de dicho pueblo. Aquí os dejo con dos citas a las cuales no podéis faltar si sois amantes del buen comer y beber.

Ya toca despedirnos una vez más, pero no por mucho tiempo ¡jejeje! a disfrutar el verano malagueño y no puedo decir mucho más de esta maravillosa ciudad, solamente ¡GRACIAS! Por todo lo que me das.