Raíces, ¿Quién me diría que a mis 60 años de maravillosa vida, me vería obligado a trasladar mi residencia a Málaga, ciudad de mis antepasados?

Pero  así tuvo que ser, la situación-país, en mí amada Venezuela, nos llevó a decidir “emigrar”, palabra esta, que la mayoría de venezolanos no están acostumbrados a afrontar más que todo por ese Amor-arraigo que sienten por su terruño. En mi caso, siendo hijo de emigrantes españoles, en mi hogar siempre estuvo esa palabra en primer plano, mis padres solían contarnos a menudo los motivos que les llevaron a tomar la decisión de realizar ese cambio de vida, y quizás todas esas historias y anécdotas nos crearon otro concepto menos temido de lo que es “emigrar”.

Pongo al conocimiento de Ud. que siendo mi padre nacido en Linares-Jaén y mi madre, aunque nacida en Tánger-Marruecos hija de malagueña y sanroqueño (Cádiz), esto me despertó el interés de tomar a Málaga como mi nueva residencia oficial.

Quizás influyó mucho en mi decisión su ubicación geográfica, su costa bañada por el mediterráneo, su benévolo clima (lugar muy similar a mi adorada Cumaná) ciudad en la que vivía en Venezuela; no está de más agregar que se le conoce como “La Primogénita del Continente Americano “. Ahora bien, creo que más que todo, el ambiente familiar envuelto en ese argot malagueño y andaluz que hablaba mi abuela materna y el resto de mi familia, es lo que me hizo siempre sentirme que vivía en ambos mundos, tanto en mi Venezuela, como en la Madre Patria.

No me queda más que darle gracias a DIOS por haberme guiado a estas tierras y pedirle que me llene del coraje, la entereza, la fuerza y la ilusión que mis padres tuvieron cuando llegaron a Venezuela.