“Esta mente voluble e inestable, tan difícil de gobernar,

la endereza el sabio tal como el arquero endereza,

apunta y dispara la flecha”

Dhammapada 33

La migración humana es el movimiento de gente de un lugar a otro, dentro de fronteras patrias o fuera de ellas, con la intención de asentarse temporal o permanentemente en un nuevo sitio. Este fenómeno social ha crecido vertiginosamente desde mediados del siglo 20 y está siendo estudiado a fondo por importantes instituciones intergubernamentales.  

Varios reportes anuales han estimado que para 2017 el número de migrantes internacionales en el planeta rondaba entre 258 y 266 millones, aproximadamente un 3% de la población del planeta.

Los Migrantes y la Economía

Existen numerosas teorías que intentan explicar las motivaciones que fuerzan a los migrantes a desplazarse y la mayoría de ellas maneja razones de naturaleza económica. Los países destino de migrantes se benefician significativamente con mano de obra reducida y conveniente, impuestos directos, aportes a sistemas de salud, inversiones en infraestructuras, nivelación poblacional y una rica diversidad cultural. En 2016 los migrantes remitieron fondos por $ 413 mil millones desde países desarrollados hacia sus países de origen. Pero no todo es tan ventajoso porque más allá de estos beneficios mutuos, la vulnerabilidad implícita en la condición de expatriado da pie a que ocurran xenofobia, abusos, discriminación y viles explotaciones laborales.

Entre el desarraigo y el arraigo

La sociología define la migración como una discontinuidad biográfica, mayormente involuntaria e invariablemente traumática, que genera una sobrecarga personal negativa y que precipita crisis individuales que deberán ser superadas a través de procesos de transformación. Sin importar cuan exitosa resulte, o si la adaptación es relativamente rápida, la migración indefectiblemente planteará desafíos personales que demandarán revisiones a fondo.

El migrante vive en dos mundos, experimentando al mismo tiempo desarraigo y arraigo. Dado que la migración es en esencia una movilización, su espíritu encaja perfectamente en lo expresado en el proverbio que reza “El movimiento produce emociones… y las emociones producen movimiento”.

La literatura especializada enseña que las emociones generan sentimientos y que éstos, a su vez, resultan en actitudes. Aunque cada caso es un caso, en el torbellino emocional del migrante podrían surgir sorpresa, disgusto, ira, miedo, tristeza y vergüenza. Los sentimientos generados serían estrés, presión, confusión, ansiedad, culpa, depresión, esperanza y frustración. Y en el caso de actitudes, pudieran ocurrir choques culturales, nostalgia, soledad, duelo, humillación y violencia.

Migrantes en Crecimiento y Transformación

La Psicología humanista de los 1950s nos legó el constructo Crecimiento Personal, definido como maduración autorrealizadora, vale decir sabiduría. Y el encuentro cultural Oriente-Occidente, en boga desde hace apenas tres generaciones, nos aportó el Hatha Yoga y la Meditación, dos disciplinas que han demostrado científicamente poderosos efectos transformadores que pueden complementar con gran éxito los tratamientos convencionales de enfermedades no trasmisibles. Los estiramientos y las técnicas de respiración del Hatha Yoga disuelven los efectos del estrés en el cuerpo, tales como rigidez, contracturas crónicas, debilidades musculares, dolores, desórdenes digestivos y problemas articulares. Y la Meditación de Introspección revisa, purifica y organiza la mente inconsciente, precisamente donde se origina el estrés. Resulta paradójico que el aprendizaje y la práctica diaria de dos metodologías milenarias, tan aparentemente divorciadas del esnobismo vigente, puedan ser tan eficaces para ayudarnos a resolver los desafíos que nos plantea la vida en el siglo 21.