En diversos medios de comunicación, en los últimos días, se ha publicado una noticia de esas que le dan uno un aliento de esperanza, lo que llamamos una buena noticia, bajo el siguiente titular: “UNASUR aprueba la Ciudadanía Suramericana”.

¿Y de qué se trata? En palabras del secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Ernesto Samper Pizano, “Se aprobó el concepto (1) de “ciudadanía suramericana” para impulsar el libre tránsito en la región… Cualquier suramericano puede optar por la visa (1) de residente para trabajar, puede ejercer su derecho a homologar los títulos, derecho a tener la protección consular, derecho de los emigrantes a tener una protección efectiva”. Y por supuesto que es una gran noticia, especialmente para los venezolanos que, hoy por hoy, se ven ante la “opción obligatoria” de emigrar, dadas las condiciones socio-económico-políticas del país.

Pero luego de enterarnos de la noticia, llega el momento de dosificar, por nuestro propio bien, pues cuanto más alto subamos en la escala de la alegría y la esperanza, peor será el golpe de la caída si las cosas no funcionan como esperamos.

Me refiero a que, hasta ahora, lamentablemente, los mecanismos internacionales en términos de integración no han sido realmente efectivos. Si hacemos una revisión retrospectiva, desde la Gran Colombia (nacida antes de la independencia de Venezuela), pasando por la OEA, el Pacto Andino, la ALADI y el Tratado de Asunción de 1991, por nombrar algunos, podemos verificar la poca eficacia que los mismos han tenido. Son todas historias de amor y desamor, ancladas en preceptos de Soberanía del Estado y principio de No Intervención, especialmente argumentados por sistemas “nacionalistas/populistas” como el imperante en Venezuela.

Adicionalmente, en el entramado de la noticia, confieso que, las palabras “concepto” y “visa” me hacen ruido en la cabeza: un concepto no es más que una definición de algo existente o no; y la visa es un procedimiento que siempre requiere de algunos requisitos y, a saber, que tan alcanzables serán los mismos para nuestros compatriotas, sin contar con el tiempo que cada Estado tome para implementar dicha norma.

Sin embargo, no todo está perdido y tampoco se trata de ser absolutamente escéptico. Si nos damos un paseo por las redes y contemplamos el nivel de presión internacional ciudadana, así como la posición solidaria y demandante de un buen número de personalidades políticas en el hemisferio, y hasta más allá de charco, viendo las últimas declaraciones del presidente del partido Podemos, Pablo Iglesias (España), hasta ahora hijo predilecto del Chavismo, retractándose y denunciando la precaria situación en Venezuela, podemos vislumbrar algo de luz al final del túnel.

Puede ser que tanta presión sumada a un poco de voluntad diplomática, finalmente, logre paliar la situación de los venezolanos; y mientras esperemos que el tiempo agote al régimen madurista.  

(1)  Subrayado de la autora.