Gabriela López Mijares

Gabriela López Mijares   NCR-Octubre-2019

Cuando vemos la vida de algunas personas, ciertas frases adquieren toda su dimensión. Guillermo López Mijares y la frase «querer es poder» son un claro ejemplo de ello. 

De inicios sencillos y bases sólidas

Guillermo, nació y creció en Caracas, Venezuela, en el seno de una familia clase media trabajadora, profesional, que daba suma importancia a la educación como valor fundamental en la vida de sus hijos. Guillermo estudió su primaria en una escuela básica privada, el colegio Teresa de la Parra, pero su educación secundaria y superior las hizo en instituciones públicas, pues sus padres, Guillermo López Berroteran y Blanca Mijares de López, creían que cuando el estudiante era bueno, el resultado sería igual de bueno en cualquier instituto. Y la vida les dio la razón. Guillermo eximió todas las asignaturas en la escuela básica privada y siguió eximiéndolas en el liceo y en la Universidad pública. 

Ganando aún en la pérdida

Guillermo se graduó con honores como Ingeniero de Sistemas en una de las mejores universidades del país, la muy competitiva Universidad Simón Bolívar, conocida nacional e internacionalmente, por sus altos estándares de educación superior y su exigente evaluación. 

Sin embargo, su graduación y culminación de estudios no ocurrió sin tropiezos pues, casi al final de su carrera, Guillermo fue diagnosticado con un osteosarcoma muy agresivo, que le causó la pérdida de una de sus extremidades inferiores y que lo mantuvo retirado de la universidad y de sus estudios por un período un poco mayor al año. 

Creciendo ante la adversidad

Esta difícil  prueba, lejos de hacerlo abandonar, solo hizo que Guillermo, una vez curado y restablecido completamente, se planteara la nueva manera de seguir asistiendo a la Universidad y de culminar su carrera, con el nuevo desafío que se le presentaba. 

Nunca desmayó ni desistió en su empeño de graduarse. Se esforzó el doble y culminó exitosamente. De modo que cuando el día llegó, gritos de alegría y vítores salieron no solo de los labios de su familia, sino de toda una Universidad que aplaudía emocionada y presenciaba el triunfo de uno de sus alumnos más dedicados, estudiosos y resilientes: Guillermo López Mijares, un modelo de estudiante, inspirador y perseverante.

De Ingeniero a Corrector de Textos

Su vida profesional como ingeniero de sistemas debutó con buen pie, pues al joven graduado le llovieron las propuestas desde el principio, las cuales supo aprovechar. Como ingeniero de sistemas tuvo una vida  profesional estable y próspera en dos muy buenas compañías, una de ellas transnacional. Viajó mucho y aprendió todo lo que necesitaba en su área, aprendió inglés y hoy día es bilingüe. Todo esto y más, hasta que la situación del país comenzó a desmejorar y se vio confrontado a cambiar de ciudad, de orientación profesional y hasta de carrera.

Fue así como dejó su querida ciudad capital, se mudó a la isla de Margarita, estado Nueva Esparta, y aprendió el oficio de corrector de textos trabajando en el periódico de mayor reputación y circulación de la Isla, ‘’El sol de Margarita’’ en su amada Venezuela. Aprendió, creció y se formó en esta nueva área y allí se desempeñó durante ocho años, hasta que sintió que era hora de cerrar también ese ciclo.

Cerrando ciclos para comenzar los nuevos

Es en ese momento cuando decide darle un vuelco total a su vida, y  debido a la situación de su país, busca nuevos horizontes en la ciudad de Santa Marta, Colombia. Allí, como muchos migrantes, decide reciclarse e iniciar una nueva carrera universitaria, no solo para adquirir nuevos conocimientos y otra profesión, sino para tomarse el tiempo necesario de la inmersión en esa nueva ciudad y en esa otra cultura que, aun siendo muy similar y cercana a la venezolana, tiene una idiosincrasia diferente, con sus particularidades  y matices que necesitan de adaptación y tiempo de asimilación.

Con Actitud de Guerrero y la Humildad del Niño

Con la actitud y organización de un profesional de experiencia pero con la humildad de un niño, Guillermo López Mijares, asume esta nueva etapa lleno de entusiasmo y se prepara para presentar su examen de admisión en la Universidad del Magdalena, que es la Universidad más importante de la región costera y el Caribe colombiano, la cual se caracteriza por ser una casa de estudios inclusiva y vanguardista. Para ingresar a dicha universidad, los estudiantes deben tener un índice ICFES elevado para ganarse el cupo. 

De entre cinco mil estudiantes, solo 1200 entraron y Guillermo López Mijares obtuvo uno de los índices más elevados y el más alto de su carrera, Administración de empresas, lo que le valió un reconocimiento de la universidad, medalla y diploma, entregado de manos del propio rector, Pablo Vera Salazar, por su excelencia académica. 

Mente sin Límites

Guillermo no tiene ni la edad estándar ni las características de un estudiante universitario promedio, pero esto no lo limita en lo absoluto en la persecución de su nuevo objetivo: insertarse completamente en su universidad y país de acogida.

Guillermo comienza una nueva carrera, en otro país, con el mejor de los pronósticos. No se vislumbra ningún obstáculo en su camino, al contrario todos los retos y desafíos se han tornado en sus amigos, que lo ayudan e impulsan a seguir trabajando con tesón, dedicación y optimismo por la obtención de sus metas principales en este momento: graduarse, montar su compañía y tal vez, incluso en un futuro próximo, formar parte del equipo de profesores de dicha universidad.

Modelo en “La Pasarela Incluyente”

Hasta el presente, en el corto tiempo que lleva como estudiante, se ha visto inmerso en un sin fin de actividades para integrarse a su nuevo campus. Ha realizado tareas convencionales y otras poco habituales para él; incluso algunas que nunca pensó realizar como la de modelaje en  pasarela, pues el pasado jueves 3 Octubre, Guillermo formó parte de los modelos poco usuales de la “Pasarela incluyente”, un evento realizado por primera vez en la  Universidad de Santa Marta con modelos de cuerpos no convencionales, es decir, personas que tienen alguna diferencia. Actividad hermosa en la que Guillermo confiesa estuvo muy feliz de participar, no solo por su colorido, sino por su concepto inclusivo con el slogan “Todos cabemos en este mundo”. 

Migrantes como Guillermo nos hacen sentir el orgullo de ser venezolanos al dejar muy en alto nuestro gentilicio, el de ese venezolano que saca a flote lo mejor de lo que somos: perseverantes, estudiosos, talentosos y persistentes.

Particularmente debo decir sin ningún rubor, que este paisano fenomenal es mi amado hermano, y por tanto la dicha no me cabe en mi pequeña  anatomía. Nada de lo escrito aquí tiene un ápice de exageración o de tinte especial porque mi subjetividad pudiera colorearlo. Al contrario, traté de referirme muy específica y comedidamente a los logros de mi hermano sólo a nivel profesional y académico, pues si me refiriera a él de manera personal y familiar las loas no cabrían en esta cuartilla. Mi hermano es esto y mucho más. Solo que me lo guardo, por un poco de modestia. Aunque a decir verdad, ¡es más por la suya que por la mía!

Por el momento solo puedo decir: Guille, no hay límites. Tu lo has demostrado. ¡El futuro es tuyo, hermano!

Gracias por el honor de ser mi ejemplo e inspiración en esta vida. 

!Adelante, mi Guille! 

Dios bendice y sigue guiando tus pasos.