Xenofobia, mis estimados nómadas, es lo que me bombardea en las noticias ante los movimientos migratorios mundiales, y muy particularmente latinoamericanos, entonces, no me ha quedado más que filosofar desde mi posición de migrante

He sido una migrante de por vida, nacida en un país que abandoné muy pronto, para hacerme la vida en un país ajeno donde sembré mis raíces, y luego volví a la tierra natal; sin expectativas de quedarme o seguir sembrándome por el mundo, llevo aquí doce años, y con esa total experiencia de vida puedo hablar con conocimiento de causa.

Las diferencias

El color, el tipo de cabello, el acento (aún cuando hablemos el mismo idioma y peor aún si no es el nuestro), los rasgos, sin entrar en otras profundidades, nos hacen diferentes.

 Pero ¿diferentes en qué? El color de nuestra piel se debe a la concentración de melanina, mas biológicamente tiene la misma composición que la de todos los seres humanos; el tipo de cabello depende de la organización de los enlaces de queratina, y todos los seres humano, además de muchos animales, tenemos cabello; el acento es una tontería de alargar o recortar las letras o ponerle música a las palabras; mientras que los rasgos responden a un intercambio entre Dios y la ciencia, que se convierte en un azar de elecciones posibles. 

Así llegamos a la convicción que no somos diferentes, ¡sólo tenemos matices!

Las diferencias no crean xenofobia

Y claro que esos matices nos crean un poco de cochina envidia, pero no debido a ellos mismos, sino la eterna inconformidad humana: que con el cabello liso me encantaría hacerme unos rulos, o no quisiera ser tan blanca para no ponerme roja al broncearme, y que menos mal que después del verano viene el invierno, ¡pero que este frío se vaya ya!.

En fin, trasladando lo anterior a lo que nos ocupa, las diferencias de la población mundial son realmente nimias, y desde mi punto de vista, son otros elementos inyectados en la conciencia los que provocan el rechazo hacia personas de otra parte del mundo, tal como lo define el término xenofobia (término que proviene de raíces griegas y que me hace pensar, conociendo un poco de la historia griega, si no habrán sido precisamente los griegos quienes dispersaron tal sentimiento, pero no voy a entrar aquí en esas profundidades).

¿Quién fomenta la xenofobia?

Así que, volviendo a esos otros elementos que intervienen en las manifestaciones xenofóbicas, creo que debemos poner la lupa no sólo en los sentimientos intrínsecamente  humanos, tales como el egoísmo o el miedo a lo desconocido, sino en asuntos tales como: el nacionalismo que es capaz de crear xenofobia dentro de un mismo país, una cosa tan antigua como la distribución de la tierra en tanto objeto de producción, el avance de fronteras vivas que geopolíticamente desdibujen fronteras no sólo físicas sino además culturales y/o el monopolio de los réditos, por nombrar sólo algunos.

¿Creen ustedes, amigos lectores nómadas, que el ciudadano común piensa y cree en esas cosas?, ¡yo les aseguro que no! Ah, pero lo que sí es cierto, es que quienes tienen intereses creados, llámense políticos, empresarios, burócratas, etc., se han encargado, en principio de crear y hacer llegar a la población mensajes subliminales, y posteriormente de señalar “serios estudios” respecto a los aspectos negativos de la presencia de extranjeros en el país (sea cual sea este último): de esta manera se crea un enemigo, así el mito se plasma sin racionalización y distante de la realidad donde los hombres se abrazan y se fortalecen, tal como dice la canción de Pablo López, interpretada por él a dúo con Juanes.

La realidad que no se menciona

Sin embargo, detrás de todo ese intento destructivo hay realidades que, como el sol, no pueden taparse con un dedo. Es importante buscar y multiplicar las buenas noticias de la migración.

 La migración hace crecer la economía de los países receptores, aumenta el ingreso per cápita que se traduce en mejoras del nivel de vida; también provee de profesionales muy capacitados, quienes desarrollarán sus profesiones para aportar beneficios y actualización en diversas áreas; culturalmente será siempre un aporte positivo en tanto crecimiento del conocimiento del mundo y la adopción de patrones comparativamente superiores en determinados aspectos.

El migrante, por necesidad y obligación, se esmera en dar lo mejor de sí para integrarse en el país al cual migra.

Y a los que vengan a decirme que quienes emigran causan daños, roban, matan, son vagos y quieren vivir del estado que los recibe, yo les digo:

En todas partes hay diferentes personas, tanto como en tu propio país, pero los buenos migrantes construyen países.