Nómadas con Raíces ha tenido la oportunidad de compartir con Jesús Alfonso, un venezolano de mediana edad, migrante residenciado en Málaga desde 2018, y quien ha compartido su historia con nosotros.

En su Venezuela natal, Jesús lleva una vida normal, estudiando y obteniendo el título de abogado con la aspiración de llegar a ser magistrado, además de una especialización en Derecho Aeronáutico. Además de ejercer su profesión y dedicarse a la docencia, él tiene desde siempre la inquietud de incursionar en la política. Así, en 2002 comienza a trabajar en una Alcaldía (Ayuntamiento) conducida por el partido Un Nuevo Tiempo en oposición al partido de gobierno.

Aparentemente la vida de Jesús era plena en ese momento, siendo profesional, ejerciendo en la política y encontrando, finalmente, un espacio y unas circunstancias que le ayudan a dar el paso definitivo que será asumir públicamente su condición de homosexual (aunque en Venezuela eso no está bien visto ni es aceptado).

Jesús comienza a escalar posiciones en la política y dentro del partido, (aún a pesar de las presiones y burlas dentro del mismo partido) con lo cual se dedica a realizar campañas y manifestaciones a favor del colectivo LGBT y especialmente con la finalidad de ayudar a las personas de ese colectivo que padecen VIH.

De esta manera, Jesús está plenamente identificado como opositor político y como homosexual, convirtiéndose en blanco óptimo para los cuerpos represores del gobierno que se hallan siempre presentes en todas las manifestaciones, y es así como termina siendo capturado, retenido y abusado sexualmente. Por si fuera poco, el maltrato se prolonga a sus familiares en la forma de amenazas y algún hecho inexplicable y doloroso.

Tras todos esos acontecimientos, Jesús entra en una espiral de depresión, miedos y trastornos del sueño mientras se plantea salir del país. Finalmente, en enero de 2018, tras interponer denuncias policiales de los hechos que pudo documentar, sale de Venezuela hacia España, en compañía de un amigo quien tenía doble nacionalidad y cuyos padres residían en España, de tal modo que ambos vivirían, en principio, en la casa de los padres de su amigo.

Llegar a España significó la libertad, lidiar con los traumas que traía pero ahora sí, con la posibilidad real de salir adelante siendo plenamente íntegro. Sin embargo, su amigo, sintiéndose en control de la situación al darle asilo en casa de sus padres, y por temas relacionados con experiencias de la política en Venezuela, comienza a hostigarlo con insultos e improperios. Ante esa situación, Jesús decide recurrir a la Cruz Roja en busca de ayuda psicológica e inicia los trámites para solicitar asilo. En el mes de abril formaliza su solicitud de asilo y comienza los trámites para ser incluido en el programa de refugiados que dispone la Ley de Asilo.

Su empeño y tenacidad dan fruto en el mes de mayo cuando lo llaman para informarle que tiene un cupo en un refugio gestionado por Cruz Roja, así pudo salir de la casa de los padres de su amigo. Tuvo que adaptarse a una nueva situación, vivir en un apartamento compartido con otros refugiados, con una serie de normas y mucha presión, lo que le motivó para buscar salidas para permanecer el menor tiempo posible en el refugio y logra incorporarse a un curso de formación profesional en el área de administración.

Jesús estaba dispuesto a salir adelante, por ello recurre a buscar la información necesaria para convalidar su título, y siguió investigando hasta dar con el Programa de Refugiados de la Universidad de Málaga (UMA REFUGIA), allí inició conversaciones con los asistentes sociales del programa y logró que le abrieran un expediente, que el mismo fuera estudiado y finalmente logró comenzar a estudiar en la Universidad para convalidar sus estudios y titulación de Venezuela. Gracias a su vocación a los estudios y a su buen comportamiento en el refugio, logra pasar a la segunda fase del programa, la cual consiste en el otorgamiento de una ayuda monetaria para arrendar una vivienda y un monto para necesidades básicas, y así Jesús sale del refugio y logra una mayor libertad. Y ahora está asesorado por la asistente laboral para insertarse en una actividad productiva.

Aunque la soledad a veces se asoma entre las cortinas, Jesús agradece todo lo recibido y, sobre todo que, manteniendo incólume sus principios, hoy en día puede caminar libremente y tranquilo, disfrutar la naturaleza, vivir el día y la noche. Y con este presente Jesús construye la proyección de su futuro.

Nómadas con Raíces vive este relato como una historia propia, pues conocemos de primera mano esa realidad de discriminación y castigo por simples diferencias ideológicas, y nos quedamos con unas palabras de Jesús que sentimos que son las palabras de la mayoría de venezolanos migrantes:

“Uno no emigra por gusto ni moda, sino por necesidad. Yo vine aquí a ser útil, próspero, a aportar y a defender los principios de integridad. Estoy agradecido a este país donde se respeta el Estado de Derecho y donde he recibido mucha ayuda con un alto sentido de solidaridad, lo cual me ha permitido salir adelante y además reflexionar respecto al hecho de haber recibido más ayuda de parte de los nacionales que de mis propios coterráneos, aprendiendo que debemos ser más solidarios y dejar de lado los protagonismos, pues aquí todos somos protagonistas de nuestras propias historias”.