La primavera prosigue al invierno, después de la lluvia, la nieve, y los árboles desnudos viene el primer verdor, los primeros brotes, el cambio de color y las flores.

Probablemente viviste un duro invierno cuando dejaste tu país de origen, una lluvia de lágrimas de despedida, el frío en el alma por el miedo a lo desconocido y sentirte desnudo, sin familia ni amigos allá donde ibas.

Pero ya te he dicho que, después del invierno ¡viene la primavera!

Un primer brote cuando llegas a tu destino y tus ojos se inundan de una nueva realidad, de un paisaje que te da la bienvenida, de unas caras que prometen amistad, un olor propio de ese lugar que le insufla ánimo a tus pulmones: es tu primera primavera, si no te percataste entonces, revívela ahora… ya veo la sonrisa en tu rostro.

A cualquier lugar que hayas ido, habrá cosas que quizá soñaste un día. Ese rincón paradisíaco de la ciudad, las frutas de temporada que no había en tu país, una moda diferente y estilosa o la arquitectura que sólo habías visto en tus clases de historia del arte. Ese descubrir y disfrutar también ha sido una primavera para ti, ¡asúmelo!

No sé cómo habrás llegado a tu destino, y me refiero a ese detalle de la documentación legal, pero sea cual fuere el caso, el momento en el que te reconocen como ciudadano legal… ¡eso es una fiesta de primavera!, y cambia el color de tu vida.

Y como la primavera tiene su tibio sol, sus rachas viento y hasta sus días de ligera lluvia, tú también habrás pasado días grises, intentando rehacerte fuera de tu terruño. ¡Pero al fin llegan las flores!: ese momento en el cual encuentras tu primer empleo, o logras emprender tu propio tu negocio, o te asocias con un amigo en un gran proyecto, no me dirás que eso no es primavera.

Primavera es renacer y, cada vez que un nómada siembra raíces en cualquier lugar del mundo, en el mundo es primavera.