Tanto para inmigrantes como para nacionales, en la mayor parte del mundo y por diferentes razones (económicas, políticas, sociales), la situación laboral es algo complejo, poco accesible y hasta precario.

Y la otra cara de la moneda es que el trabajo constituye la base del sustento, es para lo que hemos sido educados, es un objetivo y un fin, y en el caso de los inmigrantes, lo que es peor aún, es que se convierte en una necesidad legal para poder optar, al menos, a la residencia.

Muchos han de encontrarse en la situación de ver qué sus carreras u oficios tradicionales ya no son tan valederos, o bien, han cambiado tanto en su forma de aplicarse que ya es muy difícil aportar a ellos. Adicionalmente, está el tema de la competencia que a veces es tan alta, que la gente termina realizando cualquier trabajo que no tiene nada que ver con su preparación y que, de alguna manera, consideramos infra empleos.

Entonces, retomando en primer lugar ese último concepto, el infra empleo, he de decir que no sólo por una cuestión de sobrevivencia, sino bajo un prisma de autovaloración, realizar un empleo que está por debajo de nuestras capacidades, habilidades y expectativas, debe hacer sentir el orgullo de ser capaz de salir adelante bajo cualquier circunstancia. Lo anterior no quiere decir que hemos de quedarnos anclados para siempre en ese tipo de trabajo, sino que es un primer escalón que hemos de transitar hacia mejores condiciones.

Si la situación que se enfrenta es relativa al cambio sustancial en la forma de aplicación de los conocimientos, el camino más certero será retomar el amor al estudio para “ajournarnos”, es decir, ponernos al día con las nuevas tecnologías para darle frescor a nuestros conocimientos y, lo que es más importante, volver a ser valederos en el mercado de trabajo.

Pero ¿qué pasa si nos topamos con una alta competencia que colma y sobrepasa la oferta laboral y las situaciones antes mencionadas ya han sido transitadas o no tienen que ver con el caso personal? Ah, llegamos al meollo de este artículo: toca REINVENTARSE.

Comencemos con este inciso: “La palabra reinventarse no está en el Diccionario”.Real Academia Española © Todos los derechos reservados. Pero si analizamos la palabra, encontramos que es una palabra con prefijo, y el prefijo “re” está definido como: “re- Prefijo procedente del l. Unido a verbos denota repetición: recaer, reelegir; aumento: recargar…” según el Free Dictionary. Entonces, cuando hablamos de reinventarse, nos referimos a volver a inventarnos, lo cual no significa dejar de ser, al contrario, tiene que ver con ser el mismo bajo un ejercicio de introspección que permita descubrir y sacar a flote habilidades y capacidades relacionadas con nuestros aprendizajes o nuestras aptitudes personales, las cuales no han sido hasta ahora prioritarias, pero que ante las circunstancias, serán las que permitan una nueva alternativa capaz de insertarnos en el mercado laboral.

Ejemplos fáciles de lo anteriormente mencionado son: un ingeniero puede dar clases de física y/o matemática, un arquitecto puede reinventarse en diseñador de interiores, un publicista puede convertirse en dependiente, y alguien como yo, amante de la lengua y comunicadora innata puede llegar a ser escritora.

Así que lo único que hace falta es: tener las ganas y atreverse, hacer el ejercicio y comenzar a practicar con viejas alternativas un nuevo futuro. Y lo mejor es que podemos hacerlo paralelamente a cualquier actividad productiva mientras el nuevo proyecto cobra fuerza suficiente.