Diego van Berkel
Diego van Berkel  NCR-Octubre-2019

La Cotidianidad de una Pareja de Jóvenes Venezolanos

En Bogotá: Apenas escuché sus voces al subirse al minibús, supe que se trataba de una pareja de connacionales. Pero en esta ocasión hubo algo en su timbre de voz que me hizo levantar la vista del libro que estaba leyendo y dirigir mi mirada hacia ellos. Los reconocí: se trataba de una pareja de jóvenes, naturales del estado Táchira, con quienes había entablado conversación pocas semanas atrás luego de comprarles unas bolsas plásticas en una esquina cerca de donde resido.

-¿Nos permite entrar al bus? Es para vender estas golosinas” -le pidió el joven al conductor.
-Descuide, nos bajaremos en el próximo paradero” -agregó la joven.

Subieron al minibús del SITP (“el “CEITEPÉ”, como se conocen los buses del transporte público entre los bogotanos, e inmediatamente se dirigieron a todos los pasajeros con voz cansina:

Marketing de supervivencia

-¡Buenas tardes! -dicen casi al unísono y hacen una breve interrupción, durante la cual somos pocos los que respondemos a su saludo. La mayoría mira hacia otro lado evitando verlos.
-Perdonen que les interrumpamos de sus asuntos. Sabemos que muchos de ustedes están regresando a casa y no queremos importunarlos -argumenta el joven.
Rápidamente la joven asume el liderazgo y toma la palabra: -Somos una pareja de venezolanos que llegamos a Bogotá hace apenas 3 meses. Hemos colocado nuestra hoja de vida en varias empresas, pero no nos emplean por no tener los documentos de identidad colombianos -se detiene un instante para cobrar aliento y continúa: -mi esposo y yo -señala al joven- somos técnicos superiores en computación y nos vinimos a Colombia buscando una oportunidad de vida porque, como ustedes saben, la situación en Venezuela es inaguantable”.

Oportunidad de vida

―Tenemos dos hijos pequeños que tuvimos que dejar en Venezuela con nuestra familia -agrega el joven-, la necesidad de cubrir nuestros gastos de vida acá en Bogotá y de enviar algo a nuestros familiares en Venezuela nos ha forzado a recurrir a la venta de chucherías y bolsas plásticas en la calle, en el Transmilenio y los CEITEPÉ, mientras esperamos conseguir los documentos que nos exigen para poder trabajar en nuestras especialidades.

Toda una generación dando muestras de su temple y su determinación a seguir luchando por abrirse paso en otro país.

La joven entra en materia explicando:
―Estamos vendiendo barritas de chocolate, caramelos y galleticas de vainilla a mil pesos cada una. También bolsas plásticas medianas para la basura.
Y el joven concluye solicitando:
―Les agradecemos si nos compran alguno de estos dulces o las bolsas plásticas. Cualquier colaboración que puedan darnos se lo agradeceremos profundamente. Perdonen si les hemos molestado, no es nuestra intención -y remató: Dios los bendiga.
Desde mi posición al fondo del minibús, pude ver cómo comenzaron a caminar a lo largo del bus en dirección a la parte posterior, ofreciendo su mercancía. Apenas una joven y un anciano (de aproximadamente una treintena de personas que ocupaban el transporte) les compraron la mínima cantidad (una barrita de chocolate y un paquete de bolsas), hasta llegar a mi asiento. Al vernos, me reconocieron:

El reencuentro

-¡Hola Sr. Diego!, ¿cómo está?
Bien gracias -respondí, y ustedes, ¿cómo van?” -y ella me respondió: -Ya ve, cansados, pero pa´lante.

Decidí bajarme con ellos para entablar una breve conversación y saber cómo les estaba yendo desde la oportunidad en que nos habíamos conocido. Saúl y Fanny (así se llaman mis jóvenes compatriotas) me contaron algunas de las vicisitudes por las que habían pasado. Los escasos ahorros con los que habían llegado a Colombia se les acabaron apenas a las 6 semanas de su arribo; Esto, aunado al hecho de no disponer de los documentos de identidad para extranjeros, los había obligado a buscar opciones: la venta de chucherías y bolsas plásticas para basura resultó la más inmediata y menos peligrosa. No pude evitar el inmenso malestar y abatimiento que me produjo saber que las ofertas de actividades relacionadas con todas las clases de vicios asociados a la vida nocturna de Bogotá estaban a la orden del día. Sin embargo, Saúl y Fanny estaban dispuestos a regresar a Venezuela antes que incurrir en alguna de estas actividades. -Usted no se imagina lo que pasaría con nuestras madres -ambos eran huérfanos de padre, si se enteran que estamos en malos caminos, usted me entiende, ¿sí?”-me inquirió Fanny -¡y en ese momento se le quebró la voz!

Decisiones

-Tenemos dos hijos pequeños que mantener, y por ellos y nuestras madres, nos vinimos a Colombia, usted sabe, buscando maneras de salir adelante. Si las cosas no cambian en los próximos dos meses, nos tendremos que regresar -sentenció Saúl.

Tuve que admitir que regresar era también una decisión nada fácil, quizá tan difícil como la de venirse a Colombia. En ese momento Fanny intervino, no sin antes dirigir una resuelta mirada a Saúl: -Señor Diego, conocimos a una señora que, luego de comprarnos un paquetico de bolsas plásticas, nos preguntó quiénes éramos y que sabíamos hacer. Le respondimos que éramos técnicos superiores en computación -Fanny cuenta que la señora se sorprendió por su nivel de instrucción, y al continuar su indagatoria y comprobar que la pareja de jóvenes venezolanos decía la verdad, quedó en contactarlos muy pronto, pues resultó que ella era ingeniero informático y que las respuestas a sus preguntas corroboraban que la pareja de venezolanos decía la verdad.

Pa’ lante siempre

Nos despedimos rápidamente pues ellos necesitaban continuar su periplo de supervivencia en el transporte público. Antes de separarnos, Fanny, con la noticia anterior pareció cobrar ánimo y sentenció: -usted sabe que los venezolanos resolvemos y somos echaos pa’ lante, Señor Diego, ¡así que no nos rendiremos!
La anécdota anterior no es la primera en la cual he conocido personalmente jóvenes venezolanos bien calificados, sobreviviendo en las calles bogotanas ejerciendo la buhonería. Incluso he visto con frecuencia jóvenes músicos ejecutando en plena calle sus instrumentos (cellistas, violinistas, flautistas, intérpretes de música llanera y tantos otros). Toda una generación dando muestras de su temple y su determinación a seguir luchando por abrirse paso en otro país. Y todos coinciden en afirmar que están dispuestos a regresar a Venezuela tan pronto se den las condiciones adecuadas: todos quieren contribuir desde sus disciplinas y áreas de trabajo con la reconstrucción del país. Pido a Dios que tales condiciones tengan lugar más temprano que tarde.