Septiembre nos anuncia el adios al verano y la llegada del otoño, hayamos disfrutado de vacaciones o no, sentimos ya la nostalgia de esa manera de vivir desenfadada, de ligeros ropajes, de terrazas al sol y una temperatura que echaremos de menos durante unos largos nueve meses.

Para los Nómadas con Raíces, el verano europeo es particularmente especial: de alguna manera nos traslada al clima al cual estamos acostumbrados, así como a entornos y actividades mucho más comunes para todos nosotros. Por eso disfrutamos plenamente esta temporada recreándonos en amables recuerdos y hasta con un toque de nostalgia.

Pero al llegar septiembre, siendo Nómadas o no, tenemos que volver a la realidad de la rutina y todos caemos en el síndrome de la depresión post vacacional, y precisamente sobre eso he estado filosofando y lo comparto con ustedes.

El Valor de las rutinas de vida

Nuestras rutinas de vida a lo largo del año, tanto de trabajo, casa, familia y hasta mascotas es lo que construye nuestra vida, en ellas encontramos los estímulos para seguir adelante, los por qué luchar y las compensaciones por nuestros logros.

Siendo así, debemos valorar justamente nuestra rutina, y entonces comprender que el verano, con lo que ello signifique para nosotros, no es más que una parte de la rutina de nuestra vida. ¿Acaso el verano no comienza siempre en junio y acaba en septiembre?, ¿no es siempre la época más calurosa del año?, ¿no es el momento en el que, generalmente, se toman vacaciones? … si eso no es rutina, ya me dirán ustedes.

El disfrute como rutina permanente

Entonces, si dentro de nuestra rutina hemos recibido un gran premio, una compensación tan magnífica que ocupa una cuarta parte de un año, ¿por qué no disfrutarla y prolongar su efecto al resto del año?

Me refiero a que en vez de quedarnos apalancados en el sentimiento de aquello que se termina, caer en la depresión y sentirnos incapaces de volver a realizar nuestras tareas cotidianas, especialmente las laborales, deberíamos utilizar ese vigor con el cual enfrentamos el verano, la energía propia de esa época y el entusiasmo que nos provoca para administrarlo y que sea un nuevo impulso para continuar hasta el próximo verano.

Siempre pensando y actuando en positivo, imagínate recibir el otoño con los fantásticos recuerdos del verano, enfrentar el duro invierno con el entusiasmo del verano y transitar la primavera como una bienvenida al verano. El sol y la calidez están dentro de cada uno de nosotros y podemos sembrarlos en cualquier momento que nos encontremos, así como los Nómadas del mundo sembramos nuestras raíces.

Utiliza tu sol interior para iluminar cada día de tu vida.

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